Por ciertas maneras la noche se vuelve buena, peor mejor aún a la hora de dormir, es por la noche que podemos estar con algo que para varios es indispensable, comodidad, pero en algunas ocasiones se vuelve incomodo, trascienden los sueños y hasta los amenos se fumeran.
Sete persona, tiene su importancia en cualquier momento de descanso, un día como cualquier otro, la almohada recobra vida, decide salir de casa en la noche, y es donde se da cuenta de la fantasiosa que es la noche y el mundo, pero como es normal, no más de unos metros para encontrase con cobijón, almohadilla, y sobre sabana, los amigos de la infancia, con ellos se encarreta hablando, y se sientan a la mesa; cuatro frescas y rajar, toda la noche, estuvieron de la misma manera, solo que cada que pasa el tiempo, ya algo más ebrios, se hablaban de cosas bobas y que no tenía sentido, muchos más llegaron a la mesa, y se volvió una gran fiesta y derroche de palabras.
Más tarde, no había anda más que hablar, cogidos entre todos iban regando por cada una de las casas, cobijón que era el que vivía al lado, almohadilla, almohada y sobresanaba que ya sola salía para casa, almohada ya en casa, solo se hace a la cama y empieza en su trasueño a pensar en la variedad que hay en su tipo, de plumas, que para ella son habladoras, las de trapos, que son las más fieles y que se pueden tener como amigas, y las de retazos que gruñonas e imponentes como ninguna; en ese momento la almohada duerme, al otro día ya todo es igual pero la experiencia vivida será inolvidable al conocer un mundo que encierra esta parte de nuestra cama.














